Loading...

Categoría: Audio Post

PESCADORES DE HOMBRES – SEGUIR A CRISTO

«Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos»

Para la oración personal del sacerdote con base en el Evangelio del día.
Lunes 4 de enero de 2021

ESPADA DE DOS FILOS I, n. 45
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

«Conviértete, sacerdote, porque el Reino de los Cielos está cerca. Y convierte a los hombres que Dios te confía, anunciándoles ese Reino que construyes, para que los acerques a Dios, entregándolos entre tus redes, que son la Palabra de Dios que expresa tu boca y que está en tu corazón».

«La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de dos filos» (Heb 4, 12).

+++

EVANGELIO DEL 7 DE ENERO O LUNES DESPUÉS DE EPIFANÍA
Ya está cerca el Reino de los cielos.
+ Del santo Evangelio según san Mateo: 4, 12-17. 23-25
Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que yacía en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.
Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.
Palabra del Señor.

+++

“En la presencia de Dios, en una lectura reposada del texto, es bueno preguntar, por ejemplo: «Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje? … (Francisco, Evangelii Gaudium, n.153).

+++

REFLEXIÓN PARA EL SACERDOTE
Señor Jesús: el santo Evangelio nos cuenta mucho sobre tu predicación en Galilea, llamando a la conversión, incluso mencionando que te gustaba caminar por la ribera del mar. Yo pienso que eso sigues haciendo ahora: pasas junto a nosotros y nos llamas.
Como a aquellos primeros discípulos, de oficio pescadores, a nosotros, sacerdotes, también nos has “pescado” en medio del mundo, nos has llamado, nos has pedido que te sigamos, dejando barcas y redes. Nos elegiste para ser “pescador de hombres”, para llevar tu palabra a las almas.
Yo quiero tener presente siempre en mi corazón esa llamada, porque me doy cuenta de que me has escogido con amor de predilección, y te debo responder generosamente, con mi amor.
Ayúdame a convertirme, porque yo sé que seguir tus pasos me lleva a la Cruz. Seguirte es permanecer a tu lado, hasta el último momento. Me tomo de la mano de Santa María, acompañándola también a ella, como Juan.

+++

«Sacerdotes míos: yo llamo y les digo a mis amigos: conviértanse y crean en el Evangelio, porque del polvo fueron hechos y al polvo volverán.
Conviértanse, porque días han de venir en que ya no habrá tiempo.
Hoy es tiempo. El que come mi carne y bebe mi sangre no morirá, y vivirá para siempre.
Yo los envío a caminar en el mundo hasta el cansancio, para subir a mi Cruz y unir sus pies a los míos, compartiendo el mismo clavo, el mismo dolor, el mismo sacrificio, para morir y resucitar conmigo, para vivir en el gozo de mi encuentro y en la plenitud de mi gloria.
Quédense a mis pies y acompañen a mi Madre.
Ella es quien se ha entregado, incansable, corredentora y auxiliadora, defensora de la vida de sus hijos, guerrera vencedora con el arma más poderosa que es la oración.
Sus lágrimas son irresistibles a la misericordia del Padre, lágrimas de amor, lágrimas redentoras que aumentan la gloria de Dios.
Este es su llamado, es la mano que tiende a los que piden su auxilio, es el brazo que sostiene a los que el pecado ha dejado desvalidos. Llamado por amor a mí, y es por mi amor que yo los llamo para que sean guías, para que otros los sigan y se queden como ustedes junto a mí, amándome, adorándome a los pies de mi cruz, cuando todos se hayan ido.
Yo los he llamado a ustedes primero, a los que se han quedado al pie de la Cruz acompañando a mi Madre, y a los que se han ido y la han dejado sola en medio de su dolor, y a mí me han abandonado en medio de sufrimiento y de agonía.
Es ella quien los llama, para que vuelvan a mí.
Es ella quien los convoca para reunirse en torno a mí.
Es ella quien les da de beber de mi sangre, porque ya no tienen vino.
Atiendan su llamado, que es para todos.
Ella llama a todos, a los que se quedan al pie de mi Cruz, pero no suben conmigo; a los que se han ido, para que regresen; a los que se suben a mi Cruz, para que permanezcan y mueran al mundo conmigo; a los que tienen miedo; a los que están cansados; a los que pierden la esperanza, y a los que les falta fe.
Este es un llamado de misericordia, que por gratuidad y amor entrega a sus hijos más amados: a los que viendo no ven y oyendo no oyen, mis elegidos, mis enviados, mis amigos».

+++

Madre mía: me doy cuenta de que la elección que ha hecho Jesús de mí es para llevarle muchas almas, para ser pescador de hombres.
He meditado muchas veces la importancia de cumplir mi misión, entre otras cosas, dando ejemplo, predicando no sólo con mis palabras, sino con mis obras. Así voy a llenar las redes.
Madre, me siento muy pequeño, con muchas limitaciones, pero sé que mi vocación es para ser otro Cristo. Te necesito, para que me enseñes y me ayudes a parecerme más y más a Jesús. Te pido tu intercesión para que yo pueda tener una verdadera conversión.

+++

«Hijos míos, sacerdotes: mi Hijo los escoge a ustedes, sus amigos, para que sean pescadores de hombres.
Él los elige de entre el mundo, y los saca del mundo, porque ustedes no son del mundo, como Él no es del mundo.
Yo tampoco soy del mundo, porque fui creada para ser toda de Dios desde un principio, pero fui enviada a vivir en medio del mundo, para que Dios naciera del vientre de una mujer, para ser igual en todo como los hombres, menos en el pecado, porque Él tampoco es del mundo.
El pecado es del mundo y de los que son del mundo.
Mi Hijo elige a ustedes, sus amigos, y los llama por su nombre, los conoce desde antes de nacer, y los hace profetas de las naciones, para atraer a los hombres a Él.
Es así como el Padre atrae a los hombres al Hijo, porque nadie va al Padre si no es por el Hijo, pero nadie va al Hijo si el Padre no lo atrae hacia Él.
El Padre atrae a los hombres al Hijo a través de ustedes, sus amigos, y a sus amigos los hace sacerdotes, los hace como Él.
Los hace guías, pastores, regidores, maestros, pescadores de hombres, discípulos, apóstoles, profetas, para que sean ejemplo.
Es con el ejemplo que Dios atrae a los hombres a su Hijo, para que su Hijo los lleve hacia Él.
Dios elige a los pequeños y sencillos para revelarles a su Hijo, y les da la misma misión.
Yo fui creada no para ser del mundo, sino para ser toda de Dios.
Yo atraigo a mis hijos sacerdotes a Cristo, para que aprendan a ser como Cristo, todos de Dios, para que sean enviados y profesen al mundo que Cristo es el Señor, para que crean en Él, para que invoquen el nombre del Señor como su Dios y Él los salve.
Mi Hijo Jesucristo ha predicado la conversión a todos los pueblos. Pues hoy es tiempo de predicar la conversión a los pastores, los discípulos, los mismos que deberían hacer sus obras y aún mayores, pero que han malgastado sus bienes, han tirado las perlas a los cerdos, se han alejado del buen camino, dando mal ejemplo con sus malas obras, llevando a la perdición a muchas almas, algunas inocentes. Y, aunque no todas se han perdido, se han alejado de la Santa Iglesia por los males que ellos han cometido.
Ustedes son mensajeros de Dios que llevan el amor y la misericordia de Dios a todos los rincones de la tierra, a través de su palabra».

+++

PARA EXAMINAR LA CONCIENCIA – SEGUIR A CRISTO
«Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres» (Mt 4, 19).
Eso dice Jesús.
Ese es el llamado.
Eso es lo que dice la voz que tú escuchaste, sacerdote.
Y te llama a ti, y llama a otros que, como tú, vivían en medio del mundo, y fueron sorprendidos por el Cristo que pasa, y que se detiene para invitarte a caminar con Él en su camino.
“Sígueme”: ese es el llamado, esa es la invitación, esa es la declaración de amor de Dios al hombre que Él elige, que Él escoge, sólo porque quiere, y entonces el hombre responde y corresponde al llamado, para ser nombrado sacerdote.
Esa es la promesa de Jesús: Síganme y yo los haré pescadores de hombres.
Esa es tu vocación: echar las redes de Dios para pescar a los hombres y reunirlos en la barca, la Santa Iglesia Católica.
Esa, sacerdote, es tu misión.
Escucha, sacerdote, el llamado. Porque Él te llama todos los días.
Corresponde, sacerdote, al llamado, y sigue a tu Maestro, que Él cumple su promesa, que se manifiesta cuando tú cumples tu misión.
Tu misión es echar las redes, y Él te hace pescador.
Eres tú, sacerdote, el que deja todo para seguir a Jesús. Él es tu Maestro y tú su discípulo. Él es el Cristo y tú el apóstol, que Él, cumpliendo su promesa, convierte y configura con Él, en Cristo.
Eres tú, sacerdote, el que dirige la barca mar adentro, para pescar tantas almas como el Señor te quiera confiar.
Llévale, sacerdote, a tu Maestro, una buena pesca al atardecer de cada día, como ofrenda, porque esa es tu misión. Pero, para cumplirla, tus redes deben estar completas, deben ser fuertes.
Repara, sacerdote, tus redes. Conviértete, porque el Reino de los Cielos está cerca.
Convierte, sacerdote, a los hombres que Dios te confía, y anuncia ese Reino que construyes, para que acerques a los hombres a Dios, entregándolos entre tus redes, que son la Palabra de Dios que expresa tu boca y que está en tu corazón.
Sacerdote, Él te encontró en medio del mundo, mientras tú vivías cumpliendo para el mundo con tu labor. Y lo dejaste todo por tu fe, por tu confianza y por tu amor.
Nunca olvides lo que ese día pasó. Lo primero que hiciste, sacerdote, fue escuchar la Palabra del Señor, y luego obedeciste correspondiendo a la voz que hacía arder en fuego tu corazón.
Nunca olvides, sacerdote, que Él te encontró. No eres tú, quien lo eligió a Él, es Él quien te conoció antes de nacer, y te consagró, profeta de las naciones te constituyó. Él fue quien te eligió porque Él te amó primero.
Nunca olvides, sacerdote, la promesa del Señor, que ha sido cumplida, porque Él siempre cumple sus promesas. Él te ha hecho pescador de hombres porque tú dijiste sí, y Él te ha dado una misión que tú prometiste cumplir.
Conviértete, sacerdote, en la promesa del Señor, y cumple tu misión.
Tú eres, sacerdote, pescador de hombres.
Agradece tener oídos con los que oyes.
Agradece tener voluntad con la que obedeces.
Agradece tener ojos con los que ves.
Agradece tener corazón con el que sientes.
Y si no sintieras nada, sacerdote, pide perdón, pide ayuda a tu Señor, y Él cambiará tu corazón de piedra en corazón de carne, para que sientas, para que actúes, para que cumplas tu misión, llevando el amor en tus redes, porque esa es tu carnada, pescador, para que lleves a través de tus redes, una buena pesca a tu Señor. Porque esa, sacerdote, es tu misión.

____________________
Para recibir estas meditaciones directamente en su correo, pedir suscripción a
espada.de.dos.filos12@gmail.com
facebook.com/espada.de.dos.filos12