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UNIDOS EN UN MISMO ESPÍRITU – UNIDOS CON CRISTO (Mc 9, 38-40)

«Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor»

Para la oración personal del sacerdote con base en el Evangelio del día.
Miércoles 22 de mayo de 2024 – Año de la Oración

ESPADA DE DOS FILOS III, n. 57
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

«Ten cuidado sacerdote, al usar tus palabras, porque puedes equivocarte. Dios siempre va a perdonarte, pero el que blasfema contra el Espíritu Santo, ese será condenado, porque no obedece la palabra de Dios, y está en contra del amor. Y el que está en contra del amor no puede ser aceptado en el Reino de Dios».

«La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de dos filos» (Heb 4, 12).

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EVANGELIO DEL MIÉRCOLES DE LA SEMANA VII DEL TIEMPO ORDINARIO
El que no está contra nosotros, está a nuestro favor.
+ Del santo Evangelio según san Marcos: 9, 38-40
En aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: “Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos”. Pero Jesús le respondió: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor”.
Palabra del Señor.

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“En la presencia de Dios, en una lectura reposada del texto, es bueno preguntar, por ejemplo: «Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje? … (Francisco, Evangelii Gaudium, n.153).

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REFLEXIÓN PARA EL SACERDOTE
Señor Jesús: es una pena, pero a veces nos encontramos con personas que piensan que el bien, si no lo hacen ellos, no es bien.
Esa tentación la tuvieron también tus discípulos, pero tú los estabas formando, y les hablabas claro. ¿Cómo iba a estar mal expulsar demonios en tu nombre por no ser uno de tus discípulos? Ellos debían reconocer que el que actuaba eras tú mismo, a través de esas otras personas. No debían ponerse celosos de que tú también les compartieras a ellos ese poder.
Tú eres el Buen Pastor, y buscas constantemente a todas tus ovejas, incluyendo a las que son de otro redil. Convenía que tus Apóstoles fueran personas de mentalidad abierta, dispuestos a dejar actuar al Espíritu Santo, que sopla donde quiere y como quiere. No debemos “enjaular” al Espíritu de la verdad.
Qué importante es arrojar demonios, porque causan desunión. Y qué importante es cuidar la unidad entre todos los que pertenecemos a tu Iglesia. Unidad en la diversidad, porque somos todos tan distintos, pero debemos tener un solo corazón y una sola alma.
Señor, ¿cómo quieres que yo ponga en práctica ese espíritu de mentalidad abierta, para dejar actuar al Espíritu Santo, y respetar y mantener la unidad con todos?
Permítenos a nosotros, sacerdotes, entrar en tu Corazón, y concédenos la gracia de escucharte.

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«Sacerdotes míos: yo soy el Buen Pastor y conozco a mi rebaño.
Yo busco a mis ovejas perdidas para encontrarlas y traerlas conmigo.
Yo busco a mis ovejas heridas para curarlas, para que caminen conmigo.
Yo busco a mis ovejas hambrientas para darles mi alimento.
Yo busco a mis ovejas sedientas para darles de beber.
Yo busco a mis ovejas para protegerlas; para que sean ovejas de mi rebaño y pastores de mi pueblo; para que recojan sus frutos y los entreguen como ofrenda a Dios, por medio de las manos Inmaculadas de mi Madre.
Ella es Madre de gracia y de misericordia, y ella los mantendrá en el camino. Acompañen a mi Madre, para que sean luz para los que están perdidos, y perfume para los que se mantienen en mi camino.
Pastores míos, ovejas de mi rebaño: no tengan miedo, yo estoy con ustedes.
Los que están perdidos, déjense encontrar.
Los que están heridos, déjense sanar.
Los que están enfermos, déjense curar.
Los que están lejos, dejen que me acerque.
Los que están sucios, déjense limpiar.
Los que están limpios, déjense pulir.
Los que están cerca, manténganse en el camino.
Los que están conmigo recuperen lo que está perdido.
Y lleven ofrendas a Dios, y continúen su misión todos los días.
Porque yo los he llamado para seguirme.
Y los he ungido para que reciban al Espíritu Santo.
Y los he enviado para buscar y encontrar,
para sembrar y cosechar,
para predicar y alimentar,
para sanar y perdonar,
para construir y edificar,
para conseguir almas para la gloria de Dios.
Y les he dejado el camino trazado.
Y les he dado a mi Madre, para que nunca se pierdan, y a mis ángeles y a mis santos, para que los ayuden.
Sacerdotes: sean pastores, y busquen a todos aquellos que no están contra mí, y recíbanlos, y denles de beber, y háganse ofrenda con ellos. Yo les aseguro que no quedarán sin recompensa.
Y luego vayan y busquen a los que están contra mí, para transformarlos, para conseguirlos. Entren en las casas, lleven el saludo de paz. Pero si no los reciben, salgan de esa casa, y la paz regresará con ustedes, y limpien el polvo de sus pies en señal de reprobación, y lleven la paz a otra casa.
Pero no vayan solos. Manténganse en la unidad entre pastores, y unidos alaben al Señor en un mismo canto, en una misma alabanza, siendo parte conmigo, unidos por un mismo Espíritu, persiguiendo un mismo fin, porque son guerreros de un mismo ejército.
Doblen su rodilla ante un solo Rey. Yo soy Cristo, Rey de los ejércitos.
Guerreros valientes: yo los proveo con armas y armaduras, y los envío a conquistar el mundo, para la construcción del Reino de los Cielos. Yo los haré entrar por la puerta del Reino, y los haré sentarse en tronos de victoria, participando en la gloria eterna de Dios».

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Madre mía: así como las ovejas, todos nosotros somos diferentes, pero tu auxilio es para todos: para los que están lejos, para los que están cerca; para los que se portan bien, para los que se portan mal; para los que creen, para los que no creen; para los que están con Jesús, y también para los que están contra Él; porque eres Madre, y una madre nunca abandona a sus hijos, porque siempre quiere, busca y hace lo mejor para ellos.
Especialmente una madre reconcilia a los hijos. Una madre es justa, pero, ante todo, una madre es misericordiosa.
Todo el que comete pecado no está con Jesús, y el que no está con Jesús está contra Él.
Y todos los que hacen obras de caridad, y de amor, y de misericordia, no están contra Él, están con Él. Y tu auxilio es para que no estemos contra Él, sino con Él.
Ayúdanos a tus sacerdotes a expulsar demonios, para que estemos todos unidos, como un solo rebaño con un solo Pastor, sin importar de dónde vengan las ovejas.
Madre de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote: déjame entrar a tu corazón, y modela mi alma conforme a tu Hijo Jesucristo.

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«Hijos míos, sacerdotes: yo soy la Divina pastora, digna discípula de Jesús, el Buen Pastor. La voluntad de mi Hijo es que sus ovejas sean reunidas en un solo rebaño y con un solo Pastor. Él es el único Pastor.
Mi deseo es cumplir los deseos de mi Señor. Un solo rebaño quiere decir que todos los miembros de ese rebaño caminan con un mismo fin, hacia un mismo lugar, en un solo camino, guiados por un mismo espíritu de unidad.
Qué más da de cuántos lugares vengan, mientras todos tengan el mismo ideal y se unan en el único camino que su pastor les viene a enseñar.
Miren mi rebaño, no hay una sola oveja igual a otra:
algunas ovejas son guías de otras;
algunas son madres;
algunas son tan pequeñas que no pueden caminar al mismo ritmo que las demás;
algunas son fuertes, otras son débiles;
algunas son lentas y otras son ágiles.
Qué más da, si todas siguen la voz de su Pastor por igual.
Y si el Pastor ha decidido llevar a una oveja entre sus brazos porque es muy pequeña, y la ha elegido para enseñarla a caminar, ¿qué importa a los demás?
Eso es lo que mi Hijo hizo con Juan. Así se explica lo que está escrito en el Evangelio cuando se lo dijo a Pedro.
Hijos míos: nadie puede prohibirles obrar el bien y expulsar demonios, porque eso está a favor de mi Hijo y a la medida de la fe de ustedes, para que quede de manifiesto que el poder viene de Él.
Esta es la construcción del Reino de Dios.
Ustedes, mis sacerdotes, han sido llamados como guerreros en esta que es la lucha para ganar almas para el Reino de los Cielos.
Los ángeles y los santos intervienen con su ayuda y su protección.
Los demonios luchan para hacer caer a las almas para que no sean parte.
Ustedes tienen el poder para expulsar a los demonios, para conquistar a las almas, para transformar corazones, para edificar el Reino para la gloria de Dios.
Pero deben entregarse totalmente al Dios de los ejércitos, para ser parte con Él.
Acompáñenme, hijos míos, y oremos, para que cuando el Rey venga, el Reino esté completo, y todas las almas sean parte de una gran nación, de un solo pueblo, el pueblo santo de Dios.
Oren por todos los sacerdotes, para que estén listos y entregados, porque nadie sabe ni el día ni la hora.
Entréguense ustedes en cada Eucaristía, en la que dicen sí, en la que, al entregarse, participan, y construyen, y se unen, y se hacen parte del cuerpo de Cristo, del gran Templo de Dios, del Reino de los Cielos, del pueblo que brota de las heridas y se hace santo por la Sangre y por la Carne del sacrificio del Cordero».

¡Muéstrate Madre, María!

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PARA EXAMINAR LA CONCIENCIA – UNIDOS CON CRISTO
«El que no está conmigo está contra mí» (Mt 12, 30).
Eso dice Jesús.
La fuerza del ejército de Dios está centrada en la unidad de sus soldados.
Soldados que luchan no solos, y no por sí mismos, porque ellos no tienen la fuerza.
Soldados que luchan unidos con Cristo, porque Él es el centro, Él es la fuerza, y es con Cristo, por Él y en Él, que el ejército gana para Dios todas las batallas.
Sacerdote, tú eres un soldado de Dios, has sido elegido y has sido escogido para pertenecer al ejército del Rey de reyes y Señor de señores; has sido formado en las líneas delanteras, para luchar frente a frente con las líneas enemigas.
¿En dónde está, sacerdote, tu fidelidad?
¿En dónde está puesta tu amistad?
¿En quién tienes puesta tu confianza?
¿A quién le debes tu vida?
¿Por quién luchas, sacerdote, esta batalla?
¿Estás con Cristo o estás contra Él?
No puedes servir a dos amos. Decídete.
Él está contigo, y tú, ¿estás con Él?
Si estás con Cristo, sacerdote, entrégale tu voluntad y cumple el mandamiento nuevo que Él te vino a enseñar, y ama a tu prójimo como Él lo amó, porque ese es el mandamiento de tu Señor.
Unidad, sacerdote, unidad para permanecer en su amistad.
Una sola familia, un pueblo santo de Dios: ese es el mandato que has recibido de tu Señor.
Reúne, sacerdote, a tu rebaño, y cumple la Palabra del Señor, porque un pueblo dividido es un pueblo débil, frágil, fácilmente tentado, acechado y destruido.
Un pueblo dividido es un pueblo en donde falta fe, en donde no hay esperanza, en donde la caridad no se ve.
Sacerdote, tú eres la unión por el don que has recibido el día de tu ordenación, cuando el Espíritu Santo se posó sobre ti, manifestando, para el mundo y para el cielo, que Cristo te ha elegido para que vivas en Él, porque Él vive en ti y te hace una sola cosa para siempre.
Él une el cielo y la tierra, la humanidad y la divinidad, en el sacerdote.
Eres tú, sacerdote, ejemplo de unidad.
Permanece en la fidelidad y nunca te separes de quien es la Vida, porque caerías en la muerte.
Nunca te separes de quien es la Luz, porque vivirías en la oscuridad.
Nunca te separes de quien es la Verdad, porque tu vida sería una mentira.
Nunca te separes de quien es el Camino, porque vagarías perdido en un mundo que te ata, que te encadena, que te devora.
Permanece unido, sacerdote, a la fuente de vida, porque tú eres conductor del manantial de agua viva, por la que Dios mismo se derrama para el mundo dando vida y regresando a su amistad a todos los que no están con Él y se vuelven contra Él.
Es por ti, sacerdote, que tu Señor los atrae hacia Él, y los hace parte una y otra vez.
Satanás es la mentira, la división, la enemistad, las cadenas, la oscuridad. Él es quien divide a los hombres, quien promueve que se alejen de Dios, y que lo abandonen a través de las tentaciones del mundo del pecado, porque lo hace atractivo a los ojos del mundo, que son los ojos de los hombres que están divididos, que no están unidos a Dios, que no están con Él, sino contra Él.
Sacerdote: invoca al Espíritu Santo, que es el Espíritu de la verdad, y bautiza a los hombres con el Espíritu Santo, que es por quien se unen en filiación divina al Padre para permanecer con el Hijo.
Ten cuidado sacerdote, porque Satanás es como un león rugiente, buscando a quién devorar. Reconoce las señales que el Espíritu Santo te da a través del don de discernimiento, por el que tú tienes en tu poder, en tus manos, en tu boca, y en tu corazón, la verdad.
Permanece, sacerdote, en Cristo, porque Él ruega al Padre por ti, no para que te saque del mundo, porque tú, como Él, no eres del mundo; porque Él para eso te eligió, para que vivas fuera del mundo, para que vivas unido a Él. Y Él pide que te libre del maligno, porque tú vives en medio del mundo y el maligno vive ahí. Él es el príncipe del mundo, pero Él te ha dado ojos para que veas y oídos para que oigas, y Él te ha dado los mandamientos de la ley de Dios, para que los cumplas. Y te ha dado su Palabra, para que la escuches y la pongas en práctica.
Es así, sacerdote, como tú permaneces en Él. Es así como tú, soldado del ejército de Dios, luchas en las líneas del Rey contra el ejército enemigo, y demuestras que tú, sacerdote, eres su amigo, que estás con Él y no contra Él.
Invoca, sacerdote, al Espíritu Santo, para que permanezca en ti, porque Él es derramado a los corazones de los que aman a Dios.
El que permanece en la presencia del Espíritu Santo permanece en Dios.
Ten cuidado sacerdote, al usar tus palabras, porque puedes equivocarte, y Dios siempre va a perdonarte; pero el que blasfema contra el Espíritu Santo, ese no será parte, ese será condenado, porque ese no obedece la Palabra de Dios, y ese está en contra del amor, y el que está en contra del amor no puede ser aceptado como parte en el Reino de Dios, porque Dios es amor.
Sacerdote, tú has sido elegido, tú has sido llamado como soldado de Dios para proteger el tesoro de la fe, que une a los hombres a Dios a través del amor.
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